Mayo 2016 - Coolmedialab

El palmarés de Cannes divide a prensa y jurado

No ha habido quórum esta edición de Cannes entre la crítica y el jurado. La película que ha coronado el comité liderado por George Miller, I, Daniel Blake, de Ken Loach, no aparecía más que en las esperanzadas quinielas de la prensa británica. No así en las del resto del mundo, al tratarse de un drama social maniqueo que palidecía ante la calidad de películas más originales y arriesgadas programadas este año, caso de, por ejemplo, Paterson, de Jim Jarmusch, Toni Erdmann, de Maren Ade, Aquarius, de Kleber Mendonça Filho, o Elle, de Paul Verhoeven. Pero pesó la voluntad de concienciar y el cuasi octogenario director (cumple 80 años el próximo mes) se alzó con su segunda Palma de Oro. La primera se remonta a 2006, por El viento que agita la cebada. Si hace una década Loach y su guionista de cabecera, Paul Laverty, relataban la historia de dos hermanos que se unen al IRA en 1920, hoy la pareja protagonista es contemporánea, un carpintero viudo que tras un infarto lucha contra las trabas burocráticas del sistema de prestaciones y una joven madre soltera de dos hijos, también privada de ayudas sociales. Paradójicamente, el director había anunciado su retirada al completar su anterior filme, Jimmy’s Hall.

Sobre el podio, al recoger el galardón, Loach verbalizó su extrañeza por haber sido recompensado en un entorno tan volcado en el lujo. “Cuando hay desesperanza, la gente de la extrema derecha se aprovecha. Debemos decir que otro mundo es posible y necesario”, clamó.

El Gran Premio del Jurado a Xavier Dolan levantó mayor controversia, habida cuenta de la silba en la sala de prensa. Su adaptación de la obra de teatro de Jean-Luc Lagarce Juste la fin du monde es estridente hasta caer en la comedia involuntaria. Como Loach, el joven prodigio canadiense, que cuenta tan sólo 27 años, también repetía laurel, pues en 2014 recibió idéntico galardón, aquella vez ex aequo con el veterano Jean-Luc Godard. por Mommy. En el escenario, un emocionado Dolan agradeció el premio tomando prestadas unas palabras al escritor galo Anatole France: “Prefiero la locura del entusiasmo a la indiferencia de la sabiduría”.

También chocó y por más enconadas razones, el premio como mejor director a Olivier Assayas por su inasible Personal Shopper. Los medios se habían prodigado en abucheos durante el pase de prensa de esta película de fantasmas, pretendidamente profunda, ambientada en el mundo de la moda.

El reconocimiento le era concedido ex aequo con Cristian Mungiu que en su drama familiar Graduación disecciona con precisión la corrupción que asola a Rumanía en cada uno de sus estratos sociales.

La iraní The Salesman, de Asghar Farhadi, también fue recompensada. Y por partida doble, en el apartado de guión y en el de mejor actor, concedido al Shahab Hosseini. Hace cuatro años, este mismo tándem trabajó de manera conjunta en Nader y Simín, una separación, y la colaboración les supuso, a Hosseini el Globo de Oro a Mejor Actor, y a Farhadi, el Óscar a mejor película extranjera.

No hay visita de Andrea Arnold a Cannes en la que no se lleve el Premio del Jurado bajo el brazo. Así sucedió en 2006 con Red Road, en 2009, con Fish tank, y ahora ha tenido una nueva reválida con su road movie sobre el reverso del sueño americano American Honey. El premio deja un sabor amargo, como de consolación, entre las voces que apuntaban a un palmarés femenino en esta edición del festival, puesto que hasta el día del veredicto, el nombre de Arnold se pronunciaba conjuntamente al de la alemana Maren Ade, que con su comedia Toni Erdmann, apuntaba hacia la Palma de Oro. Pero no fue así. Como tampoco cayó en manos de su protagonista, Sandra Hüller, el premio a la mejor actriz. Ni en el de Sonia Braga por Aquarium, Isabelle Huppert por Elle, de Dries Verhoeven o incluso Kristen Stewart por Personal Shopper. El reconocimiento recayó, en cambio, en Jaclyn Rose por su papel de una matriarca de un clan de tráfico de drogas en un suburbio de Manila en Ma’Rosa, de Brillante Mendoza. La película tiene mucha resonancia en su país de origen, donde se ha votado recientemente en masa a Rodrigo Duterte como presidente con un programa que promete una dura cruzada contra el crimen en el tráfico de drogas.

Quizás un Cannes coherente en la denuncia social, pero no así en la defensa de la calidad y la innovación artísticas.

Begoña Donat. Cannes

Cannes apuesta sobre seguro

Hacía 37 años que Woody Allen no pisaba Cannes, al menos su festival de cine. Desde que en 1979 estrenó su hoy considerado clásico Manhattan, no había vuelto a aventurar un nuevo trabajo ante los 5.000 periodistas acreditados en la cita cinematográfica más importante del mundo. La película que hace la número 47 en su estajanovista carrera es una comedia romántica ambientada en los años treinta y constituye la decimocuarta ocasión que el octogenario director presenta uno de sus trabajos en La Croisette. Esta edición está marcada, precisamente, por la apuesta sobre seguro en la selección de la sección oficial. Sólo cuatro de los 21 cineastas en liza compiten por primera vez. Y ninguno de ellos lo hace con una ópera prima, como sí sucedió el año pasado con la premiada película húngara El hijo de Saul. Entre los poquísimos que debutan está Alain Guiraudie, que como hiciera en El desconocido del lago, repite en Rester Vertical con la exhibición explícita de cópulas homosexuales.

Entre los reincidentes, ahí están primeros espadas del cine como Pedro Almódovar que si bien hacía un lustro que no optaba a la Palma de Oro, ya lo había hecho en el pasado con cuatro de sus títulos, Todo sobre mi madre, Volver, Los abrazos rotos y La piel que habito.

Bruno Dumont y Nicole García hacía seis años que no pujaban por el gran premio. Esta vez, el impredecible belga trae Ma loute, lo que ha venido en denominar una “comedia social nórdica”. La francesa, presente en Cannes en cuatro ocasiones como actriz y en tres como directora, se ha decantado en cambio por poner imágenes a una novela de la italiana Milena Agus que relata una historia de amor apasionada e imposible en la austera Cerdeña de los años treinta. La película está protagonizada por Marion Cotillard, que hará doblete en el festival con el salto al cine francés del enfant terrible canadiense, Juste la fin du monde. La película también es una adaptación, en este caso de una obra de teatro de Jean-Luc Lagarce. El surcoreano Park Chan-wook hace otro tanto con la novela de Sarah Waters Fingersmith, que en The Handmaiden traslada el thriller lésbico de la Inglaterra victoriana a la Korea ocupada por los japoneses. Su filme se encuentra entre los ocho que no han sido facturados en Europa.

En esta liga allende el Viejo Continente se encuentra el filipino Brillante Mendoza, que regresa con una incursión en los suburbios de Manila y el menudo de droga en Ma’Rosa, tras ganar el premio a la mejor direcciónn en 2009 por Kinatay, que también incidía en el submundo criminal. Desde Irán, Asghar Farhadi reincide en el retrato de la deriva de individuos sometidos a presión social. En este caso, en The Salesman, asistiremos al estallido violento de una pareja. Brasil concursa con Aquarius, una película que vive y respira el carisma de su protagonista, Sonia Braga.

Made in USA

Los embajadores estadounidenses de esa nimia representación son Sean Penn, Jim Jarmusch y Jeff Nichols. El sempiterno rebelde de Hollywood dirige The Last Face, la historia de amor entre una médica humanitaria y el director de una organización de ayuda internacional, interpretados por su cacareada ex, Charlize Theron, y nuestro Javier Bardem. Los protagonistas del nuevo título de Jim Jarmusch, Paterson, se hallan, en cambio, en la rampa de salida al estrellato: Adam Driver, el nuevo villano de la saga Star Wars y la iraní Golshifteh Farahani, fichada en la próxima entrega de Piratas del Caribe. No será el único título que el director y rockero presente en Cannes. Fuera de competición estrena el rockumental sobre Iggy Pop Gimme Danger, con una proyección a medianoche como el año pasado se le reservó al oscarizado documental dedicado a Amy Winehouse. En cuanto a Nichols, el personalísimo autor no hace ni tres meses que estrenó en la Berlinale su aproximación a la ciencia ficción Midnight Special y ya presenta un nuevo giro a su cinematografía. Su Loving es una recreación del Caso Loving v. Virginia, una causa judicial en defensa de los derechos civiles de una pareja interracial en el Estados Unidos segregacionista de 1958.

 

Diversidad de género y de raza

A este respecto, si el año pasado la controversia era sobre la presencia femenina, este año la polémica versa en torno a la falta de diversidad racial entre los realizadores de la sección oficial. El hashtag aplicado en los Oscar ahora se tunea para el festival de la Riviera francesa en #CannesSoWhite.

Esta edición el cupo de directoras se ha cubierto con la selección de Andrea Arnold y Maren Ade. La inglesa se decanta por un cóctel de juventud, sexo, drogas y rock and roll en American Honey tras su elegante adaptación de Cumbres Borrascosas hace cinco años. La alemana narra en cambio una relación paterno-filial en Rumania. Por cierto, la nueva ola rumana cuenta este año con doble representación. Cristi Puiu participa con su fresco sobre las relaciones familiares Sierra Nevada y Cristian Mungiu con la semibiográfica Bacalaureat, sobre las aspiraciones universitarias truncadas de una joven. Mungiu ansia volver a ganar el galardón después de hacerlo en 2007 por Cuatro meses, tres semanas y dos días. Como también busca la reválida Mike Leigh con I, Daniel Blake, tras ganar la Palma de Oro en 1996 por Secretos y mentiras, y los hermanos Dardenne, que en este caso sería su tercer trofeo con el drama The Unknown Girl.

En el caso de Paul Verhoeven, su presencia con Elle, no sólo marca su regreso a Cannes, que inauguró en 1992 con Instinto básico, sino su debut en el cine francés con una Isabelle Huppert cuya interpretación ya ha sido calificada como la mejor de su carrera.

En los mentideros de la crítica también se comenta, con antelación a su estreno, el parecido de la trama de Neon Demon con el universo de Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010). En este caso, el combinado de autodestrucción, glamour y horror retratado entonces en el mundo de la danza, es extrapolado por el danés Nicolas Winding Refn a las pasarelas. La película, entre el giallo y el terror, tiene como protagonista a Elle Fanning. Del mismo modo que el francés Olivier Assayas ha fichado a Kristen Stewart, con la que ya trabajó en Sils Maria, para su historia de fantasmas ambientada en el mundo de la moda Personal Shopper.

Todo esto y mucho más en un Cannes tomado por el mejor cine facturado en el mundo y por un despliegue de seguridad intimidante.

 

Begoña Donat. Cannes.

© Pictures: Elle, Neon Demon, Juste la fin du monde y Loving. Festival de Cannes. Stills films.

 

El cine de autor conquista Málaga

El Palmarés de esta 19 edición del Festival de Málaga ha reconocido el cine de autor patrio. La biznaga de oro ha sido contra todo pronóstico para el thriller “Callback”, del director Carlos Torras, que proyecta el lado más perturbador del sueño americano. Por otra parte, “La Próxima Piel” de Isa Campo e Isaki Lacuesta, la película que mejor acogida tuvo en esta decimonovena edición, se va a casa con cinco  de los principales galardones (Premio Mejor dirección; Actriz principal, para Emma Suárez; Montaje, para Domi Parra y el Premio de la crítica) y la esperanza que este reconocimiento le permita conseguir distribuidora. El público prefirió un tono más ligero y premió la comedia “La noche que mi madre mató a mi padre” de Inés París.   Los galardones a mejor interpretación recayeron en Emma Suárez y Martín Bacigalupo y Silvia Pérez Cruz recogió la biznaga a la mejor banda sonora por el largometraje sobre desahucios “Cerca de tu casa”.

Hacemos un repaso a los mejores momentos de esta decimonovena edición:

© Samuel de Román y María Aguilar para Coolmedia P.A