Un Cannes curioso - Coolmedialab

Todo apuntaba a que la película inaugural de Cannes, por el halo de espectacularidad y la cuota diaria de luminarias en su alfombra roja, sería el inminente taquillazo Mad Max: furia en la carretera. Pero ha sido una película doméstica, pequeña y social, un homenaje a los profesionales de la protección del menor, la que ha abierto oficialmente la LXVIII edición del mejor festival de cine y hoguera de las vanidades del mundo.

La decisión de programar Standing Tall viene a acallar las críticas recientes de misoginia vertidas hacia la muestra. Bajo el lema Para las mujeres, las bobinas de coser, para los hombres, las de los hermanos Lumière, en 2012 se recogieron firmas de cerca de 1.500 actores, investigadores y cineastas franceses, a los que inmediatamente se adhirieron centenares de voces de EE.UU., entre otros, la productora de Toy Story,  Darla K. Anderson, y la icónica feminista Gloria Steinem en una petición que interpelaba ¿Dónde están las directoras?

Tras un encadenado de ediciones donde se han reiterado las denuncias a la falta de equidad de género, por fin y por segunda vez en la historia de la cita en la Riviera Francesa, es una mujer la encargada de abrir mano en la sección oficial a competición, Emmanuelle Bercot. La primera que tuvo el raro (por escaso) honor fue Diane Kurys en 1987 con Un hombre enamorado.

Se encargará de cerrar este certamen el documental sobre el deshielo de la Antártida La glace et le ciel. De nuevo, una película local, en este caso comandada por Luc Jacquet, realizador oscarizado en 2006 por El viaje del emperador. Da la impresión de que desde la dirección del festival se quiere hacer servir su proyección internacional y su eco mediático para llamar la atención sobre cuestiones sociales y ecológicas.

Año plagado de curiosidades, como la presidencia bicéfala del jurado, personalizada en los hermanos Coen, quienes comandan, entre otros, a una perpleja Rossy de Palma que en la rueda de prensa declaró su intención de “cursar un máster intensivo de cine” estos días.

A falta de presencia española en ninguna de las dos secciones más recias del festival, la oficial y Una cierta mirada, bueno es el desparpajo de la picassiana chica Almódovar, bien que no esté lo que se dice en un momento álgido de su carrera.

Las únicas picas patrias se han concentrado en la Quincena de los realizadores, donde Fernando León de Aranoa regresa a la ficción tras una década en su aventura más internacional, Un día perfecto, en la que ha contado con Tim Robbins, Olga Kurylenko y Benicio del Toro, y Elena López Riera pasa su corto Pueblo, donde el ocio juvenil se da de bruces con las procesiones de Semana Santa en Orihuela.

Las nacionalidades mayoritarias este año en la sección oficial son la gala, con los nuevos títulos de Jacques Audiard, que en Dheepan relata la vida como refugiado político en Francia de un guerrero tamil de Sri Lanka, y Maiwenn que trabaja con Emmanuelle Bercot en Mon Roi. Valerie Donzelli también hace las veces de actriz devenida directora en la incestuosa Marguerite et Julien. Se apoyan en veteranos Stéphane Brizé, que dirige a Vincent Lindon en un drama social de actualidad, el de un empleado que ha de espiar a sus compañeros en La Loi du Marché, y Guillaume Nicloux propone el juego de realidad-ficción Valley of Love con Gérard Depardieu e Isabelle Huppert interpretando dos personajes que se llaman como ellos.

El segundo país más presente es Italia, que en un meridiano ejemplo de la globalización en el cine cuenta con tres directores alpinos capitaneando un elenco internacional. Tal es el caso de Paolo Sorrentino con su drama Youth, protagonizado por Michael Caine y Harvey Keitel, Matteo Garrone que se lanza con un cuento de hadas barroco liderado por Salma Hayek y John C. Reilly en Il Racconto dei Racconti, y Nanni Moretti que comparte planos con John Turturro en el drama semiobiográfico, pues su madre falleció en 2011 durante el rodaje de Habemus Papa, Mia Madre.

El griego Yorgos Lanthimos incorpora igualmente estrellas de calado en The Lobster, con Colin Farrell y Rachel Weisz en un futuro distópico recogido en The Lobster. Otro tanto hace el mexicano Michel Franco al contar con Tim Roth en la piel de un enfermero en Chronic. E igual procede el noruego Joachim Trier, Gabriel Byrne y Jesse Eisenberg en los papeles de padre e hijo en Louder Than Bombs.

La representación asiática procede de China, con el drama familiar perfilado por Jia Zhang-Ke Mountains May Depart, y dos interesantes cambios de género a cargo del taiwanés Hou Hsiado-hsien, que se atreve con un wuxia en The Assassin, y el japonés Hirokazu Kore-eda quien adapta un manga en Our Little Sister.

Las guerras del pasado se alternan con las de presente. Así, la ópera prima del director húngaro Laszlo Nemes, Son of Saul, aborda la vida de un prisionero que trabaja en los crematorios de Auschwitz, mientras que el canadiense Denis Villeneuve enfrenta en Sicario la lucha en la frontera mexicana contra los señores de la droga.

Por último, dos clásicos de otras artes, la literatura y el teatro, se tornan imagen animada en manos de Todd Haynes, que adapta el libro The Price of Salt de Patricia Highsmith sobre una historia de amor lésbica en los años cincuenta, sufrida por Cate Blanchett y Rooney Mara, y una nueva adaptación de Macbeth a cargo del australiano Justin Kurzel, con Michael Fassbender y Marion Cotillard en esta reflexión inmortal sobre la corrupción, la ambición y la maldad que a menudo engendra el poder político.

Arranca la fiesta del cine.

Begoña Donat. Cannes

 

 

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