El palmarés de Cannes divide a prensa y jurado - Coolmedialab

No ha habido quórum esta edición de Cannes entre la crítica y el jurado. La película que ha coronado el comité liderado por George Miller, I, Daniel Blake, de Ken Loach, no aparecía más que en las esperanzadas quinielas de la prensa británica. No así en las del resto del mundo, al tratarse de un drama social maniqueo que palidecía ante la calidad de películas más originales y arriesgadas programadas este año, caso de, por ejemplo, Paterson, de Jim Jarmusch, Toni Erdmann, de Maren Ade, Aquarius, de Kleber Mendonça Filho, o Elle, de Paul Verhoeven. Pero pesó la voluntad de concienciar y el cuasi octogenario director (cumple 80 años el próximo mes) se alzó con su segunda Palma de Oro. La primera se remonta a 2006, por El viento que agita la cebada. Si hace una década Loach y su guionista de cabecera, Paul Laverty, relataban la historia de dos hermanos que se unen al IRA en 1920, hoy la pareja protagonista es contemporánea, un carpintero viudo que tras un infarto lucha contra las trabas burocráticas del sistema de prestaciones y una joven madre soltera de dos hijos, también privada de ayudas sociales. Paradójicamente, el director había anunciado su retirada al completar su anterior filme, Jimmy’s Hall.

Sobre el podio, al recoger el galardón, Loach verbalizó su extrañeza por haber sido recompensado en un entorno tan volcado en el lujo. “Cuando hay desesperanza, la gente de la extrema derecha se aprovecha. Debemos decir que otro mundo es posible y necesario”, clamó.

El Gran Premio del Jurado a Xavier Dolan levantó mayor controversia, habida cuenta de la silba en la sala de prensa. Su adaptación de la obra de teatro de Jean-Luc Lagarce Juste la fin du monde es estridente hasta caer en la comedia involuntaria. Como Loach, el joven prodigio canadiense, que cuenta tan sólo 27 años, también repetía laurel, pues en 2014 recibió idéntico galardón, aquella vez ex aequo con el veterano Jean-Luc Godard. por Mommy. En el escenario, un emocionado Dolan agradeció el premio tomando prestadas unas palabras al escritor galo Anatole France: “Prefiero la locura del entusiasmo a la indiferencia de la sabiduría”.

También chocó y por más enconadas razones, el premio como mejor director a Olivier Assayas por su inasible Personal Shopper. Los medios se habían prodigado en abucheos durante el pase de prensa de esta película de fantasmas, pretendidamente profunda, ambientada en el mundo de la moda.

El reconocimiento le era concedido ex aequo con Cristian Mungiu que en su drama familiar Graduación disecciona con precisión la corrupción que asola a Rumanía en cada uno de sus estratos sociales.

La iraní The Salesman, de Asghar Farhadi, también fue recompensada. Y por partida doble, en el apartado de guión y en el de mejor actor, concedido al Shahab Hosseini. Hace cuatro años, este mismo tándem trabajó de manera conjunta en Nader y Simín, una separación, y la colaboración les supuso, a Hosseini el Globo de Oro a Mejor Actor, y a Farhadi, el Óscar a mejor película extranjera.

No hay visita de Andrea Arnold a Cannes en la que no se lleve el Premio del Jurado bajo el brazo. Así sucedió en 2006 con Red Road, en 2009, con Fish tank, y ahora ha tenido una nueva reválida con su road movie sobre el reverso del sueño americano American Honey. El premio deja un sabor amargo, como de consolación, entre las voces que apuntaban a un palmarés femenino en esta edición del festival, puesto que hasta el día del veredicto, el nombre de Arnold se pronunciaba conjuntamente al de la alemana Maren Ade, que con su comedia Toni Erdmann, apuntaba hacia la Palma de Oro. Pero no fue así. Como tampoco cayó en manos de su protagonista, Sandra Hüller, el premio a la mejor actriz. Ni en el de Sonia Braga por Aquarium, Isabelle Huppert por Elle, de Dries Verhoeven o incluso Kristen Stewart por Personal Shopper. El reconocimiento recayó, en cambio, en Jaclyn Rose por su papel de una matriarca de un clan de tráfico de drogas en un suburbio de Manila en Ma’Rosa, de Brillante Mendoza. La película tiene mucha resonancia en su país de origen, donde se ha votado recientemente en masa a Rodrigo Duterte como presidente con un programa que promete una dura cruzada contra el crimen en el tráfico de drogas.

Quizás un Cannes coherente en la denuncia social, pero no así en la defensa de la calidad y la innovación artísticas.

Begoña Donat. Cannes

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