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Cannes apuesta sobre seguro

Hacía 37 años que Woody Allen no pisaba Cannes, al menos su festival de cine. Desde que en 1979 estrenó su hoy considerado clásico Manhattan, no había vuelto a aventurar un nuevo trabajo ante los 5.000 periodistas acreditados en la cita cinematográfica más importante del mundo. La película que hace la número 47 en su estajanovista carrera es una comedia romántica ambientada en los años treinta y constituye la decimocuarta ocasión que el octogenario director presenta uno de sus trabajos en La Croisette. Esta edición está marcada, precisamente, por la apuesta sobre seguro en la selección de la sección oficial. Sólo cuatro de los 21 cineastas en liza compiten por primera vez. Y ninguno de ellos lo hace con una ópera prima, como sí sucedió el año pasado con la premiada película húngara El hijo de Saul. Entre los poquísimos que debutan está Alain Guiraudie, que como hiciera en El desconocido del lago, repite en Rester Vertical con la exhibición explícita de cópulas homosexuales.

Entre los reincidentes, ahí están primeros espadas del cine como Pedro Almódovar que si bien hacía un lustro que no optaba a la Palma de Oro, ya lo había hecho en el pasado con cuatro de sus títulos, Todo sobre mi madre, Volver, Los abrazos rotos y La piel que habito.

Bruno Dumont y Nicole García hacía seis años que no pujaban por el gran premio. Esta vez, el impredecible belga trae Ma loute, lo que ha venido en denominar una “comedia social nórdica”. La francesa, presente en Cannes en cuatro ocasiones como actriz y en tres como directora, se ha decantado en cambio por poner imágenes a una novela de la italiana Milena Agus que relata una historia de amor apasionada e imposible en la austera Cerdeña de los años treinta. La película está protagonizada por Marion Cotillard, que hará doblete en el festival con el salto al cine francés del enfant terrible canadiense, Juste la fin du monde. La película también es una adaptación, en este caso de una obra de teatro de Jean-Luc Lagarce. El surcoreano Park Chan-wook hace otro tanto con la novela de Sarah Waters Fingersmith, que en The Handmaiden traslada el thriller lésbico de la Inglaterra victoriana a la Korea ocupada por los japoneses. Su filme se encuentra entre los ocho que no han sido facturados en Europa.

En esta liga allende el Viejo Continente se encuentra el filipino Brillante Mendoza, que regresa con una incursión en los suburbios de Manila y el menudo de droga en Ma’Rosa, tras ganar el premio a la mejor direcciónn en 2009 por Kinatay, que también incidía en el submundo criminal. Desde Irán, Asghar Farhadi reincide en el retrato de la deriva de individuos sometidos a presión social. En este caso, en The Salesman, asistiremos al estallido violento de una pareja. Brasil concursa con Aquarius, una película que vive y respira el carisma de su protagonista, Sonia Braga.

Made in USA

Los embajadores estadounidenses de esa nimia representación son Sean Penn, Jim Jarmusch y Jeff Nichols. El sempiterno rebelde de Hollywood dirige The Last Face, la historia de amor entre una médica humanitaria y el director de una organización de ayuda internacional, interpretados por su cacareada ex, Charlize Theron, y nuestro Javier Bardem. Los protagonistas del nuevo título de Jim Jarmusch, Paterson, se hallan, en cambio, en la rampa de salida al estrellato: Adam Driver, el nuevo villano de la saga Star Wars y la iraní Golshifteh Farahani, fichada en la próxima entrega de Piratas del Caribe. No será el único título que el director y rockero presente en Cannes. Fuera de competición estrena el rockumental sobre Iggy Pop Gimme Danger, con una proyección a medianoche como el año pasado se le reservó al oscarizado documental dedicado a Amy Winehouse. En cuanto a Nichols, el personalísimo autor no hace ni tres meses que estrenó en la Berlinale su aproximación a la ciencia ficción Midnight Special y ya presenta un nuevo giro a su cinematografía. Su Loving es una recreación del Caso Loving v. Virginia, una causa judicial en defensa de los derechos civiles de una pareja interracial en el Estados Unidos segregacionista de 1958.

 

Diversidad de género y de raza

A este respecto, si el año pasado la controversia era sobre la presencia femenina, este año la polémica versa en torno a la falta de diversidad racial entre los realizadores de la sección oficial. El hashtag aplicado en los Oscar ahora se tunea para el festival de la Riviera francesa en #CannesSoWhite.

Esta edición el cupo de directoras se ha cubierto con la selección de Andrea Arnold y Maren Ade. La inglesa se decanta por un cóctel de juventud, sexo, drogas y rock and roll en American Honey tras su elegante adaptación de Cumbres Borrascosas hace cinco años. La alemana narra en cambio una relación paterno-filial en Rumania. Por cierto, la nueva ola rumana cuenta este año con doble representación. Cristi Puiu participa con su fresco sobre las relaciones familiares Sierra Nevada y Cristian Mungiu con la semibiográfica Bacalaureat, sobre las aspiraciones universitarias truncadas de una joven. Mungiu ansia volver a ganar el galardón después de hacerlo en 2007 por Cuatro meses, tres semanas y dos días. Como también busca la reválida Mike Leigh con I, Daniel Blake, tras ganar la Palma de Oro en 1996 por Secretos y mentiras, y los hermanos Dardenne, que en este caso sería su tercer trofeo con el drama The Unknown Girl.

En el caso de Paul Verhoeven, su presencia con Elle, no sólo marca su regreso a Cannes, que inauguró en 1992 con Instinto básico, sino su debut en el cine francés con una Isabelle Huppert cuya interpretación ya ha sido calificada como la mejor de su carrera.

En los mentideros de la crítica también se comenta, con antelación a su estreno, el parecido de la trama de Neon Demon con el universo de Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010). En este caso, el combinado de autodestrucción, glamour y horror retratado entonces en el mundo de la danza, es extrapolado por el danés Nicolas Winding Refn a las pasarelas. La película, entre el giallo y el terror, tiene como protagonista a Elle Fanning. Del mismo modo que el francés Olivier Assayas ha fichado a Kristen Stewart, con la que ya trabajó en Sils Maria, para su historia de fantasmas ambientada en el mundo de la moda Personal Shopper.

Todo esto y mucho más en un Cannes tomado por el mejor cine facturado en el mundo y por un despliegue de seguridad intimidante.

 

Begoña Donat. Cannes.

© Pictures: Elle, Neon Demon, Juste la fin du monde y Loving. Festival de Cannes. Stills films.